El hipotético amigo que me hubiese leído hasta aquí sabría de mí manía por ordenar las cosas mentalmente y de mi predilección por el renacimiento, con extensiones hasta Rubens y el cine o la música donde -¡sorpresa!-, también me gusta la música renacentista (bueno, y la barroca, eso que se suele llamar “música antigua”).
Y sin embargo me fascina el arte contemporáneo. El siglo XX ha producido, y el XXI sigue produciendo, algunas de las más importantes obras de arte de
por sus vidrieras catedralicias, por lo que tenga de símbolo de arte para el arte y su función en la sociedad (la escalinata que baja en vez de subir); por su sorprendente integración en el entorno (¿qué forastero había estado en esa zona de Bilbao hasta que abrieron el Museo?) donde, por imposible que sea imaginarlo, no resulta chocante; por supuesto por su contenido: imposible, aunque me hubiera gustado guardarla aquí, encontrar una foto que haga justicia a las espectaculares piezas de Richard Serra en aquella inmensa sala, pero en cambio sí hay una que me gusta de la
maravillosa (aunque supongo que el adjetivo justo sería más bien inquietante, temible, perturbadora) araña de ese otro genio del siglo que es Louise Bourgeois.
El Museo, además, tiene esa sorprendente particularidad que lo hace ser un poco la
catedral de Rouen vista por Monet: siempre distinto aunque sustancialmente igual de prodigioso con cualquier tiempo o a cualquier hora del día.
En fin, en mi opinión un icono del arte del siglo, ya digo. Pero no sólo en mi opinión: su -casi inmediata, además- iconización ha llegado al extremo de que los rusos del grupo AES+F la han hecho uno de los edificios símbolo que, en la divertida hipótesis de su "Islamic project" que tanto escandalizó a los norteamericanos cuando vieron la estatua de la libertad cubierta de un velo, una futura islamización de la civilización occidental convertirá inmediatamente en mezquita. Y con esa foto termino.




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