Adoro Roma. Y el día en que necesito refugiarme en el palacio de la memoria, recuerdos de Roma aparecen en cada esquina. Una zona de Roma que me fascina en particular es la Judería, las callejuelas detrás de
También de esa zona hubiera podido escoger el pórtico de Octavia, pero hace tiempo que decidí elegir para el palacio la hermosísima fontana delle tartarughe de Piazza Mattei. Que fuese construida en 1581 sobre un diseño de Giacomo Della Porta, el mismo que realizara las fuentes pequeñas de Piazza Navona o del Palazzo Borghese, es lo de menos. Como la anécdota de que las tortugas son posteriores (y de Bernini, dicen algunos), o la apócrifa leyenda del novio de
La fuente no tiene todavía, a decir verdad, una ubicación específica en mi palacio. Pensé alguna vez que le iría bien un jardín inglés, con un gran césped y boj y cipreses que le dieran el toque italiano, tal vez algo como el parque por el que pasean en los “Cuentos de Canterbury” de Pasolini el pastor y la pastora alegóricos. Pero a veces pienso que necesita un ambiente más cerrado, algo como