martes, 2 de diciembre de 2008

BELLE EPOQUE

Algún día contaré aquí, porque es tal vez mi refugio de la memoria más permanente, y desde luego porque de algún modo él es, si no el inventor de la memoria sí su cronista más completo, de mi fascinación por Proust.


Pero hoy quiero dejar incluídos aquí unos cuadritos de su pintor favorito, el relativamente desconocido Paul César Helleu (1859 – 1927), de algún modo, dicen los que saben de estas cosas, el “modelo” para Bergotte. Probablemente la historia de la pintura ha sido justa con él al reducirlo a una dimensión más que discreta, pero el encanto de sus retratos es tan de la época que, aunque no fuese más que como cronista del ambiente del París de Proust, creo que vale la pena conservar en el recuerdo alguna de sus cautivadoras figuras femeninas.


O de unos encantadores apuntes de, por ejemplo, señoras tomando el té en el Ritz, o aquel delicioso de la comida con los niños en el restaurante, con todo el poder evocador de las escenas de la familia de Tadzio en el comedor del hotel de la “Muerte en Venecia” de Visconti.


E incluso de unas decadentes hortensias, que, desde luego, suenan mucho más proustianas por su nombre francés de “hydrangeas”.



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